El verdadero ayuno

El verdadero ayuno

 

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La Cuaresma es tiempo de penitencia y ayuno, un ayuno que habitualmente asociamos a no comer nada durante un tiempo. Pero el ayuno es mucho más que eso, tiene que ser un ayuno humilde, verdadero, orientado a ayudar a los demás y a olvidarnos de  nosotros mismos.

Ayunar no es despojarnos únicamente de la comida. Puede haber personas que ayunan porque no tienen qué comer. O como los fariseos, podemos ayunar para ser vistos por los demás, buscando un exhibicionismo incoherente.

El ayuno, como cualquier penitencia, debe tener una coherencia, sin ruido, basado en lo que el Señor nos pide.

A la vez que ayunamos tenemos que sonreír, estar contentos.

Como decía el Papa Francisco en una homilía en Santa Marta, la sugerencia para el creyente es: «Tú busca el hambre para ayudar a los otros, pero siempre con la sonrisa, porque tú eres un hijo de Dios y el Señor te ama tanto y te ha revelado estas cosas. Pero sin incoherencias».

El ayuno que quiere el Señor es que nos humillemos, que reconozcamos nuestros pecados y nos avergoncemos de ellos. El verdadero ayuno que quiere el Señor es la verdad, la coherencia.

También se manifiesta en el trato con los demás, sin considerarlos y tratarlos como inferiores en función de su categoría profesional.

Otra forma de ayunar es mediante la práctica de las Obras de Misericordia: compartir el pan con el que no tiene, vestir al desnudo… sin descuidar a los más próximos.

En definitiva, si hacemos penitencia pensando en nosotros mismos, el fruto será la soberbia ante nuestra capacidad de ayunar.

Para saber si nuestro ayuno es verdadero, podemos preguntarnos: ¿cómo me comporto con los demás? ¿Les ayudo con mi ayuno? Si esto no es así, el ayuno es fingido, incoherente. Es necesario pedir, con humildad, la gracia de la coherencia.

Por Ana Bofill Sanz